“Si me tengo que dar un beso en la boca con Grobocopatel, lo voy a hacer”

En una charla en la Universidad de Córdoba con el empresario aludido, se plantó ante críticas: “Me importa un carajo los troskos”. Por qué lo haría. Juan Grabois anunció un acuerdo de trabajo con Gustavo Grobocopatel

Juan Grabois vs. un docente universitario picante

Grabois recogió el guante y tomó la palabra para responder al docente, en un diálogo que escaló en tensión rápidamente.

Grabois: -Yo contesto. ¿Dónde tenés el fierro, el arma para matarlo?


Docente: Era una pregunta con respeto.

Grabois: ¿Vos vas a destruir el modelo de Grobocopatel?

Docente: Yo no vengo a destruir nada ni a proponer una sociedad.

Grabois: ¿Vos vas a destruir el modelo sojero, te da la nafta?

Docente: Lo dejo ahí nomás…

Por qué Grabois besaría a Grobocopatel

El dirigente de la CTEP cercano al papa Francisco monopolizó el micrófono con una extensa exposición, que concluyó en el absurdo de la insólita promesa.

“Yo no tengo ninguna sociedad con nadie, papá, una sociedad es un negocio». engranó Grabois, por la provocación de correrlo por izquierda.

«Acá hay un debate, no tengo identidad ideológica ni con el pensamiento ni con el modelo sojero ni con ningun carajo». «Tengo una diferencia absoluta con el modelo sojero de la argentina”

Luego Grabois, continuó criticando al docente: “Haciéndote el malo y diciendo palabritas de ‘muerte’, ‘veneno’, no resolvés ningún problema en Argentina. Los problemas no se resuelven con palabras, se resuelven con acciones, recuperando tierra, expropiando territorio para que la gente tenga tierras para laburar, organizando poder popular”.

El dirigente social reiteró que los problemas no se resuelven “haciéndose el cancherito, diciendo ‘Grobocopatel malo’ como dice mi primer libro que es muy bueno, cómprenlo, se llama La clase peligrosa. Lo que se dice con el pico se defiende con el cuero”.

“Si uno dice que el modelo de agronegocios es un modelo de muerte eso lo tiene que defender con acciones, no diciendo que hay una sociedad porque uno sostiene una charla respetuosa y tomando las cosas con un nivel de humor o buscando algún punto de acción común”, sumó Grabois a su defensa y a la del empresario que compartía panel.

Finalmente Grabois lanzó el argumento más insólito en su defensa al vínculo con el agroproductor: “Si yo me tengo que dar un beso en la boca con Grobocopatel, o con quien carajo sea, para que 50.000 compañeros agricultores tengan la posesión perpetua de sus tierras, lo voy a hacer”.

“Y si le querés llamar a eso sociedad, llamale sociedad. Y a mí me importa un carajo los troskos, los medio troskos y los más o menos troskos. Porque eso se llama defender con el cuero las convicciones”, concluyó entre aplausos del auditorio.

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