Publicación pedida: “POLÍTICA, PERSONALISMO Y MEZQUINDAD”

Pinotti

 

 

Desde hace mucho tiempo en la actitud y el lenguaje político, se buscan todo tipo de artimañas donde el único objetivo es sacar ventaja. Claro que esa ventaja pone en juego la sinceridad hacia el pueblo, generando en ese engaño solapado obtener beneficios que, si se convierte en un hábito disimuladamente aceptado, resulta nefasto. De esta manera, la “habilidad” de hacer confundir la obligación de un funcionario o gobernante como un favor hacia el pueblo, desdibuja en muchos ciudadanos el concepto de sus propios derechos y obligaciones. También intervienen en algunas oportunidades “intermediarios”, “referentes” y “mercenarios políticos” haciendo el juego que en la oportunidad les conviene.

 

 

La necesidad y la ansiedad conspiran contra la paciencia necesaria, sabiendo que la vida y la memoria siempre son implacables: “No hay tiempo que no llegue, ni deuda que no se pague”. Así, lo que es una acción obvia de un gobernante o funcionario, porque es su obligación intervenir, consensuar, administrar, gestionar, etc., se anticipa en volcar la información en los medios como el hecho de un favor en beneficio del pueblo u otro dirigente para facilitarle las cosas. Ocurre entonces que situaciones que funcionalmente y administrativamente tendrían que tener un camino y resolución lógico, se tratan de vender como mérito de un ministro, viceministro, senador, diputado etc.; con el agravante que se genera en el pensamiento popular que “quien trae el dinero es Fulano de Tal”, y lo más grave: muchos hasta piensan que sale del bolsillo de estos personajes.

 

 

 

De esta manera, con el tiempo y la generación de este hábito, reemplazan en el pensamiento popular que de dichos beneficios de administración – dinero que en definitiva viene del pueblo y debe regresar al mismo – , lo que es una responsabilidad delegada y una obligación del gobernante o funcionario, es solo un favor. Aquí nace la situación del agradecimiento y de los pedidos que no corresponden, porque los derechos el pueblo debe exigirlos, no debe agradecerlos ni suplicarlos. Por esta metodología nacieron frases como “roban pero dan”… y lo reza nuestro “Martín Fierro”: “Hacete amigo del juez…” A modo de ejemplo, el salario de un obrero o el cobro de una deuda legítima se exigen porque es un derecho; y si alguno desde su responsabilidad, su función y obligación delegada por el pueblo actúa para su resolución, es la actitud propia y esperada que debe tener.

 

 

Ningún padre puede vanagloriarse porque da de comer a sus hijos, ni un maestro porque enseña correctamente a sus alumnos, ni un contador público porque nunca robo. Y peor, si de dichas acciones busca transmitir lo que son derechos como si fueran favores. Porque los derechos se deben respetar y exigir que se cumplan. Y las obligaciones de los funcionarios son responsabilidades que no hay que agradecer porque son circunstancias obvias de su ejercicio.

 

 

A más de treinta años de democracia en Argentina, aunque me parece pueril describir esto, en ciudades, provincias y nación sigue ocurriendo, y este modo de operar sigue activo en algunas ciudad del interior, que a pesar que muchos votaron un cambio en la manera de hacer las cosas, increíblemente funcionarios encumbrados siguen con el mismo libreto para demostrar que solo por sus manos se resolverán los “destrabes” que la lógica dice que en una administración coherente y normal deben tener un curso espontáneo y ágil, sin necesidad de ningún “privilegiado” y sin necesidad de divulgación propagandística que denigra a la democracia, que tiene como pilar de base el diálogo y la búsqueda del bien común sin mezquindades.

 

 

 

Dejo como reflexión final la frase que dice: “El problema de lo público es que el político piensa que es suyo, y el pueblo que es gratis”. Guillermo R. Pinotti

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