«Por una democracia del trabajo», por Adrián Vila

Por una democracia del trabajo

El 1º de Mayo es el día de la dignidad de los trabajadores, de la reivindicación de la justicia social y el pleno ejercicio de las libertades, la memoria y  el homenaje a los que lucharon y luchan a favor de la clase trabajadora.

Decíamos el 24 de marzo que la participación económica de los trabajadores en el ingreso nacional era en 1975 del 40% y en 1976 con el golpe cayó al 25%. Así, los sectores asalariados pasaron de percibir el 43% del PBI a principios de los 70, al 30% en 1981. En la actualidad percibe el 40% (septiembre de 2021).


También, que hasta 1975 Argentina poseía 8% de pobreza, apenas un 10% de informalidad laboral y un 2,7% de desocupación, cifras que son incomparables con nuestra sociedad actual.  El desempleo, a fines de 1975 era menor al 5%.  Al final de la dictadura era del 7%. Hoy estamos cerca del 8%. En 1974 el 4,57 % de la población era considerada pobre para el INDEC. Y el porcentaje de pobres a octubre de 2021 era de 40,6%. En relación con la línea de indigencia (el porcentaje de la población que no cuenta con ingresos suficientes para cubrir una canasta de alimentos capaz de satisfacer un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas) en 1974 para la UCA, era cercano al 2%. Al final de la dictadura era del 5,19%. En la actualidad es de 10,7% (para INDEC, octubre 2021).

Podemos coincidir en que la dictadura militar puso fin al perfil socioeconómico de país integrado conformado por segmentos de ingresos medios, ese perfil que distinguió a la Argentina del resto de los países del Sur mundial desde mediados del siglo XX.  La incorporación de los derechos del trabajador en el orden jurídico realizada por el primer peronismo, las sucesivas ampliaciones de derechos a medida que avanzaba el siglo, la modernización a la escala de la época del mundo laboral, la integración de una sociedad alrededor del trabajo, fueron hitos de un modelo de desarrollo económico característico de nuestro país: la integración de clase trabajadora y clases medias.

Aunque, desde principios de los 80, el mundo del trabajo ha ido, paulatinamente, perdiendo peso relativo en la vida social. La estructura social que mantenía al trabajo como centro de la vida social y familiar fue siendo desmantelada, escalón a escalón, desde el desguace de la actividad económica estatal hasta el viraje del trabajo formal por formas contractuales que limitan los derechos de quien trabaja o, directamente, por la informalización  más plena de amplísimas capas de sectores del trabajo o la pauperización del salario del trabajo formal. Algunos de los enormes cambios que se fueron produciendo en la configuración del empleo en el país demuestran claramente la inercia descripta:  solo el 28% de la población económicamente activa de Argentina trabaja en el sector privado con empleo registrado. El resto, empleo en negro o empleo público. Solo el 20% de la población en edad de trabajar se desempeña en el sector privado con empleo registrado.

La democracia que supimos conseguir desde principios de los 80 no ha logrado resolver, entonces, el centro estratégico del diseño de sociedad que pensó la dictadura: el patrón distributivo desigual que nos interpela día a día y que se mantiene como deuda principal de la democracia.

Decía Bartolomé Vanzetti en su «Declaración de fe», en mayo de 1927, al juez que finalmente lo condenaría a la silla eléctrica por un crimen que no cometió que: «Nosotros no somos tan torpes como para creer o sostener que las instituciones humanas pueden ser cambiadas en un día. El cambio deberá ser gradual. Pero creemos que un cambio debe tener lugar y que tiene que efectuarse en el sentido de mayor libertad y no de mayor violencia.»

Entonces, en el Día del Trabajo,  saludamos a los trabajadores de Chivilcoy, a los que se levantan todos los días para sostener sus hogares, generar riqueza, ampliar los derechos de los hijos del pueblo, ampliar las posibilidades de una sociedad democrática. Porque en una sociedad democrática, la igualdad de derechos se expresa en la vida social y cultural de esa sociedad. Que también debe expresarse en igualdad de derechos económicos.

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