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“Néstor Santilli” por Horacio Vero

 

NESTOR SANTILLI

 

Hay voces que son sinónimo de violencias, desánimos y  temores.  Voces que al escuchar las asociamos con angustias, enojos y pesares. Voces que nos dañan, lastiman y maltratan.

Pero también hay otras voces. Las que acarician el alma y  nos estremecen la piel. Voces que anuncian la paz, los colores del alba, el canto de los pájaros, el amor y la esperanza.

La voz de Néstor, la del inolvidable Quique anunciaba la Vida. ¡Qué hermosa y sublime misión le deparó el destino! Recibir en sus benditas manos  una nueva existencia, un nuevo ser, junto al milagro creador de Dios y la mujer.

Su voz, esa voz tímida, cálida y de bajitos decibeles, anunció también la vida de mis hijos un mediodía de octubre y una mañana de abril, y quedó grabada a fuego en mi  emocionado corazón.

Hace pocos días, una nota periodística me permitió conocer detalles de su infancia, su adolescencia y de su trayectoria profesional.  Ahí descubrí  el amor por sus padres, sus amigos de juventud, su barrio y sus afectos. Y su humildad. Allí, definitivamente, lo admiré como hombre.

Seguramente, la locura con que derrochamos nuestro paso terrenal en medio de bocinas,  celulares, cegueras, soberbias  y otras yerbas, nunca nos dejaron un instante para agradecerle sus valores de buen tipo y su brillante carrera como médico.

Pero seguramente también, en estas horas donde nos duele su partida, mi  sentimiento volcado en estas humildes palabras será compartido por aquellos que tuvieron la dicha de conocerlo  y tratarlo, y de escuchar esa voz inconfundible que siempre anunciaba la Vida.

Horacio Alberto Vero

 

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