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“Me cuesta creer que Nisman se haya suicidado”, afirmó el periodista del New Yorker que entrevistó a Cristina Kirchner

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Dexter Filkins contó sus impresiones sobre el caso en la televisión de los EEUU. Le dio crédito a la denuncia del fiscal contra el Gobierno por conspiración y advirtió que “muchos lo querían muerto”.

 

 

 

Acostumbrado a sumergirse en mundos que le son extraños para empaparse de sus historias, Dexter Filkins viajó meses atrás a la Argentina con una misión: narrar las intrigas que rodearon a la muerte de Alberto Nisman. En su investigación, estudió el expediente judicial, habló con familiares del titular de la UFI-AMIA y sus allegados, y hasta entrevistó a Cristina Kirchner. El fruto quedó plasmado en la nota que publicó la revista New Yorker con el título “La muerte de un fiscal“.

 

 

 

 

El artículo de Filkins tuvo una enorme repercusión en el país –la Presidente lo ayudó de antemano cuando anticipó el reportaje que le hizo–, y también fronteras afuera. A seis meses del misterioso fallecimiento, lo que ocurrió con Nisman sigue despertando interés en los Estados Unidos. Por esa razón el periodista fue invitado al popular programa Charlie Rose para ahondar en el tema.

 

 

 

 

 

Filkins no pudo llegar a una conclusión sobre lo que sucedió aquel domingo de enero. “Todos tienen una teoría”, señaló. Más que una certeza, a él le quedó una suposición: “Me cuesta creer que se haya suicidado“.

 

 

 

 

Su afirmación se basó en que –dijo– no hubo una sola persona del círculo íntimo de Nisman que le confiara siquiera una sospecha de que podría querer quitarse la vida. A ello le sumó la observación de que ocurrió justo antes de declarar ante el Congreso. “Estaba totalmente atrapado por este caso. No iba a parar hasta llegar al final”, apuntó. Y señaló, por otro lado, que había “mucha gente que tenía motivos para silenciarlo, que lo quería muerto“.

 

 

 

 

“Estaba aterrorizado en los últimos días, no salía de su departamento. Les dijo a algunas personas que había interceptado conversaciones de la inteligencia iraní que decían que iban a ir por él. Estaba muy nervioso”, indicó, tras recordar que el fiscal ya había sido blanco de amenazas de muerte.

 

 

 

 

Además de los iraníes acechados por su investigación, el periodista puso al Gobierno en la línea de los sospechosos. “Había mucha gente que sería avergonzada con las revelaciones que iba a hacer”, remarcó. Se refería a la denuncia que el fiscal hizo pública días antes de morir referida a una supuesta conspiración desde el Ejecutivo para alentar el cierre de la causa a cambio de favores económicos. Para Nisman, el memorándum de entendimiento era la máscara de un pacto más profundo.

 

 

 

 

“Nisman investigó al Gobierno y dijo haber descubierto un acuerdo secreto en el que se buscaba olvidar el ataque”, dijo. Y avaló la denuncia: “Creo que esa acusación era probablemente cierta“.

 

 

 

 

Filkins consideró que la “tragedia de este asesinato o este suicidio es que Nisman conocía esta caso más que nadie” y por eso es probable que la investigación “muera con él”.

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