«La primavera de una nueva Argentina» por Carlos Armando Costanzo

Quiera Dios que, se aleje el invierno de la tristeza, la miseria, el dolor, el fracaso y el desaliento y, llegue la primavera del amor, la alegría, el consuelo, el porvenir, el bienestar y la esperanza…  

Quiera Dios que, se extinga y esfume, el penoso y sombrío invierno, de esta Argentina del siempre lo mismo y el más de lo mismo, donde no cambia nunca nada, no pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todo resulta igual, todo da lo mismo y, todo termina siendo, siempre lo mismo y más de lo mismo, y florezca después, la fragante, luminosa y alentadora primavera de un país distinto, con principios y valores, sentido ético, conciencia moral,, justicia verdad, honestidad, transparencia, instrucción pública y enseñanza, crecimiento, producción, progreso y, sagrada y sublime cultura del trabajo…

Quiera Dios que, se borre el frío, desapacible y agobiante invierno, de esta Argentina decadente y vacía de contenido, que no conduce a ninguna parte, y nivela e iguala hacia abajo, con ignorancia, marginación social, chatedad, pasividad, inacción, banalidad, mansa resignación conformista y pobreza, y surja, germine y sobrevenga, más tarde, la encantadora y rutilante primavera de la fe, la ilusión, las expectativas y perspectivas, los proyectos, las inquietudes, las motivaciones y, las mayores ganas de vivir, trabajar, luchar, estudiar, avanzar, progresar y soñar…


Quiera Dios que, este pesaroso y deprimente invierno, con la ráfaga de un viento huracanado e implacable, se lleve las ondas negativas, las penurias, las aflicciones y las congojas, y nos libre y salve de los chantas de siempre, cuya única intención o propósito, consiste en que no cambie nunca nada, y todo siga igual o peor de lo que está, para conservar así, sus curros, negocios, prebendas, privilegios y beneficios, económicos y dinerarios…

Quiera Dios que, el advenimiento de una nueva primavera, despierte a la sociedad, aletargada, anestesiada y adormecida, víctima de las constantes y reiteradas cortinas de humo, que engañan, distraen, confunden, envuelven y entretienen, con frivolidades, tonterías y pavadas, mientras transcurren los días, las semanas, los meses, los años, las décadas y, la propia vida; no cambia nunca nada y, todo siempre sigue igual o peor de lo que está, pues allí reside, el objetivo primordial de los chantas: qué todo continúe siendo, siempre lo mismo, en el país del siempre lo mismo y el más de lo mismo, donde siempre ganan los mismos (los eternos chantas) y pierden siempre los mismos (los giles y laburantes, que trabajan, luchan, se esfuerzan, sacrifican y, abonan sus impuestos y obligaciones tributarias).

Quiera Dios que, la próxima, feliz y floreciente primavera, nos traiga un radiante sol de bendiciones y alegría y, una luz de promisoria y bienhechora esperanza; esa pequeña y tan ansiada esperanza que, para nuestro actual presente y un mejor futuro, necesitamos, ahora, con rauda y perentoria urgencia, los tan pacientes, sufridos y esforzados argentinos…

La primavera de Argentina, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Che, mi Dios, te lo bato: Yo quisiera, / – lo chamuyo, Señor, como un gomía -, / que Argentina, se cope en este día, / con un cuore feliz de primavera. / Qué junemos la facha bien diquera, / del amor más chipola y la alegría, / y el gilún laburante – allá, en la vía -, / tenga un cacho de vida placentera… / Qué se rajen los chantas y el afano, / los malandras y el verso cotidiano, / tanto curro, la obscura desconfianza… / Y que bajo el gran sol de la matina, / hoy florezca, pintón, en la Argentina, / el debute jardín de la esperanza.   

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