La ceguera del liberalismo

Por Iván Sallen

El liberalismo actual en nuestro país, como toda ideología, sufre de una ceguera proporcional al enfoque que tiene respecto a diversos temas como la económica, la cultura, la política, entre otros, en donde existen recortes de la realidad implícitos que pueden ser criticados como insuficientes para explicar el alcance y las consecuencias de ciertas premisas liberales. A pesar de ello no es de extrañar que una cantidad enorme de jóvenes se ilusione ante un discurso de superación, meritocracia, libertad, igualdad de competencia, libre mercado, combate contra la corrupción del estado, etc. Esto es entendible, ante la desahuciaste performance de los políticos de nuestro país en las últimas décadas, los fracasos constantes en materia política y las pseudosoluciones de problemas de larga data.

Aquí voy a intentar poner en perspectiva critica ciertas ilusiones que el liberalismo crea o tiene con respecto a algunas de sus premisas para poder ver la complejidad de la realidad.


En primer lugar, hablemos de la falacia de la libertad de competencia. No existe ningún punto de partida igualitario, ni ninguna libertad real de competencia en el llamado mercado. Hay que diferenciar la igualdad ante la ley frente a la igualdad de hecho. Ante la ley somos todos iguales pero en la realidad esa igualdad se ve socavada por diversas causas históricas, culturales, económicas. El sistema capitalista permite competir mano a mano solo cuando un tal emprendimiento tiene un respaldo monetario detrás que le sea equivalente. En palabras claras: aquel que pone la empresa o el emprendimiento es el capitalista y no el dueño del kiosco de la vuelta de nuestro barrio. Para emprender se necesitan los recursos monetarios. A mayor la escala del emprendimiento esto se hace más evidente. La ilusión de que el esfuerzo puedo llevarnos a crear con la capacidad imaginativa un producto nuevo que pueda revolucionar el mercado, queda excepto a poquísimas excepciones, las cuales se ponen como ejemplo por los liberales para decir que es posible lograr algo así. Lo que se olvidan deliberadamente es poner el porcentaje de dichas excepciones, numero ínfimo.

Segundo, la libertad de elección se ve coartado en un mundo capitalista por la utilización de formas sutiles de control psicológico de la población, esto lo vemos implementado desde la compra de productos, la elección de candidatos electorales, hasta los algoritmos utilizados por empresas como YouTube para aumentar la permanencia de los usuarios en sus redes y maximizar sus ganancias. La libertad de elección queda coartada de forma sutil, no es necesario en este ámbito el uso de la fuerza sino la manipulación psicológica del individuo. Decir que con el capitalismo «avanza la libertad» es negar de raíz estas realidades básicas en conjunción entre el poder, el dinero, y la tecnológias avanzadas, en uso para la mayor concentración de la riqueza y el poder, es decir, dentro de un sistema que se retroalimenta.

Otro aspecto no crítico en el liberalismo es la verticalidad inherente a las empresas privadas, las directrices surgen de arriba, no hay una democratización en las empresas. El liberal justificara esto en orden de la eficiencia, como justificara la riquezas inmorales de los multimillonarios en orden al progreso material de la población en su totalidad (que es tan relativo como el mismo orden capitalista, pues depende del lugar y el momento en el que te encuentres) o con el mal llamado orden espontaneo de las cosas. La consecuencia de esa acumulación del capital es mayor acumulación del capital, que el pez grande se vaya comiendo al chico, multinacionales amparadas por legislaciones propuestas y compradas por estas mismas multinacionales, empresas, organizadas en lobbies politicos financiados.

Estos factores y otros que podríamos seguir analizando hacen que en última instancia queden dos clases contrapuestas a la vista de todos, nunca de mejor forma definida que la de los amos y los esclavos, como Marx en otro contexto muy diverso planteaba, pero con una intuición más que certera. Los liberales justificaran con el riesgo que estos amos toman al crear emprendimientos, no ven que las superfortunas están fuera de todo riesgo, estan más allá del riesgo, son metafísica, por fuera de este, sino controlando este, cuál dioses sobre sus pedestales. Estos pedestales en última instancia son de barro, creados por un orden humano, pero seguirán siendo pedestales hasta que no exista un cambio real de las condiciones en el orden social imperante, las formas de pensar, la condición y la naturaleza del hombre, sus fines, etc, que establezca una equidad real y no ficticia como la del capital.

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