#Dislexia Lucas Slevin: «Los sistemas educativos no se hacen responsables y hacen que los culpables seamos nosotros ante la más mínima diferencia»

Lucas Slevin fue uno de los invitados a disertar este año sobre Dislexia. Sufrió bullying durante la escuela y ahora concientiza sobre la dislexia a través de sus redes sociales.

En el Centro Universitario Chivilcoy, en donde se llevó a cabo la Jornada, Lucas compartió su historia:

«Tengo 21 años, soy tik-toker, influencer, es raro decirlo así pero sí, soy influencer. Tengo dislexia pero a mí me gusta decir, soy disléxico porque es como un estilo de vida. Con todo lo que explicó el Dr. Fagnani. No me anda mal una neurona sino que percibo el mundo entero diferente. Quería comenzar por una frase que me cambió la perspectiva de muchas cosas no solo de la dislexia, Existen dos maneras de ver la vida, el vaso medio vacío o el vaso medio lleno».


«Google define la dislexia como un trastorno de aprendizaje que no nos permite a nosotros interpretar un texto de la manera que deberíamos interpretarlo porque los síntomas principales son que las letras se mueven, que los renglones se cambian y no entendés nada de lo que estás leyendo. Cómo me enteré yo de este trastorno? Cuando era muy chiquito en el colegio, alrededor de 5 años que no lo recuerdo sino que lo que estoy diciendo es porque me las contó mi mamá, le dicen a mi vieja que me haga ver como algo que estaba haciendo mal con los colores y otras cosas. Me mandan a ver y me diagnostican dislexia y había tanta desinformación que mamá no sabía como carajo llevar esto adelante porque no tenía ni idea de lo que era. Se tuvo que poner ella a informarse porque ni psicólogos, maestros ni nadie del colegio sabía qué era la dislexia».

«Ella tomó la decisión de no contarme el diagnóstico. Y hoy en día, es parte de mi identidad, me lo hubieras contado y era necesario saberlo pero entiendo que tomó la decisión desde su posición. Ella pidió en el colegio que tampoco me lo contaran porque ella había escuchado la historia de Thomas Alva Edison que entre otras cosas es el inventor, uno de los genios, más genios. El, cuando era muy chiquito pasó por un montón de colegios y un día le llega una carta a la mamá y cuando le pregunta a la mamá qué decía la carta, la mamá le dice que decía que era muy inteligente para seguir estudiando en ese colegio y me recomiendan que te eduque en casa. El nene avanzó con esa creencia impuesta de que era inteligente porque se lo dijo su mamá y se convirtió en lo que fue y gracias a el todos tenemos luz«.

«El hecho de cómo se lo informaron porque en la carta que el encontró muchos años después decía que era muy tonto que no querían que siguiera en ese colegio. La versión de la mamá fue todo lo contrario a lo que decía la carta y se transformó en un camino mucho más cuidado emocionalmente. Mamá dijo que no me dijeran nada para que eso no sea un escudo que cuando tenga una dificultad la enfrente. A los 8 años me toca hacer una ronda de lectura. Yo ya sabía que algo mal estaba haciendo porque leía mal, no estaban bien los colores, no terminaba nunca de leer un texto y notaba que mis compañeros leían super rápido. Pero yo sabía que había algo pero seguía adelante con mi vida. En la ronda de lectura nos íbamos pasando el libro y cuando me toca leer a mi, si ahora leo mal en ese momento evidentemente leí muy mal y se empezaron a reír, yo entré en pánico porque sentía que estaba leyendo como todos y evidentemente no era así. Yo estaba mal y me dicen algo que no me voy a olvidar nunca, Yo sé que vos tenés una enfermedad mental pero te vamos a ayudar a llevarla adelante y no se cuantas cosas más. Asumo que la docente tenía las mejores intenciones del mundo, pero que no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Si yo estaba llorando porque se habían burlado de mi, imagínense lo que lloré el resto del día!. Le dije a mi vieja, tengo una enfermedad mental, me voy a morir y le cuento la situación. Primero respiró para no enojarse con lo que habían hecho en el colegio y me dijo, no Lu, vos tenés una manera distinta de percibir las cosas que se llama dislexia, no es una enfermedad. El nene que esa maestra mató ese día con lo que dijo sigue muerto porque me generó un miedo que nunca más quise volver al colegio y mucho menos leer en voz alta, pero no me importa hoy no la quiero odiar tuvo buenas intenciones«.

«Pero mi mamá logró salvar a la persona que soy hoy en día y logró construir. Sin ese apoyo emocional de mi madre, no podría ni haber tenido ganas de entender qué me pasaba. De la peor manera posible me enteré pero por suerte fue a una temprana edad. No me afecta solo en la lectura, me afecta en todo. En cómo me expreso, en los nombres porque no me acuerdo nunca ningún nombre y por eso digo que es parte de mi identidad. Hace que nos sintamos fuera de todo porque hacemos todo mal, nunca me saqué un 7 en un examen, nunca aprobé nada y siempre sentí que algo me faltaba y que no iba a ser suficiente nada. Me exigían que aprenda a leer en voz alta y tengo 21 y no sé leer en voz alta. Me acuerdo que hacía exámenes de historia donde era una pregunta y había que responder el 7 hojas. Yo escribía dos renglones y entregaba y el colegio estaba tan desinformado y los psicólogos que me atendieron también al estar tan desinformados y mi mamá también, siempre creyeron que yo tenía un retraso, una enfermedad, un límite. Hoy fuera del colegio y habiendo pasado por todo lo que pasé, te digo que los límites no los tengo yo, ni una persona con dislexia ni ninguna persona en sí sino que es el sistema que creamos como sociedad. El sistema educativo es limitado y no tiene una herramienta para que una persona como yo se exprese. No sé escribir y si lo hago, lo hago mal».

«Me desaprobaban porque no podía hacer las cosas que exigía el sistema educativo. Copiar, pegar y escribir en la hoja porque ni siquiera me dejaban hacerlo oral. En ninguna herramienta de la educación yo encajo porque no es que yo tengo limitaciones sino que las escuelas y docentes no tienen un montón de otras herramientas que hay para que yo me pueda expresar. Hoy participo de este tipo de eventos para que venga hablar y en el colegio nunca me dejaron rendir un examen oral. Ven que puedo, no soy tonto y tengo un montón de capacidades que el colegio no me permitió y mucho menos compartir con mis compañeros. Algo que falta en las escuelas es la construcción de puentes, toda la vida fuimos notas. Yo era el chico 1 y Estefi una compañera era la chica 10. Nunca hice un trabajo con ella porque como era tonto no me dejaban unirme a ella. Lo único que hicimos juntos fue un trabajo donde ella hizo todo una cosa escrita y yo hice la maqueta con colores, señalizaciones y nos sacamos un enorme 10 y ahí se vio lo que el chico 1 y la chica 10 pudieron hacer juntos y no nos dejaban juntarnos y ahí lo que a uno le faltaba el otro lo compensó, pero bueno el colegio tiene solo una perspectiva sobre esas cosas y si no sabes leer o escribir sos tonto, punto».

«Es el colegio el que tiene limitaciones no las personas como yo. La dislexia para mi no es una limitación. Tenemos una creatividad mucho más grande, una capacidad de memoria increíble, una capacidad de resolución de conflictos que hasta yo me sorprendo. Entiendo las cosas de una manera completamente distinta al pensamiento lógico que por ejemplo tienen mis amigos».

«Hoy me encuentro trabajando con un amigo en un proyecto donde hablamos de bitcoins y cosas que prácticamente yo no entiendo y el las re contra maneja y cuando el me explica las cosas yo le digo lo que entendí y me dice, por qué te desaprobaron toda la vida? No la puede creer».

«Fui al mismo colegio desde los 2 años y todos los años me pedían el certificado de un psicólogo donde decía que tenía dislexia y que necesitaba adaptaciones. Lo llevaba al pedo, porque ningún profesor hacía adaptaciones, ninguno. Al no haber adaptaciones yo empecé un poco a luchar por mis derechos a cuando fui ganando conciencia de lo que estaba pasando. Todos sabían quien soy, qué me pasa y en 5to año no solo nunca hubo adaptaciones sino que yo ya estaba saturado. Al estar todo el tiempo reprimido y sobre todo incomprendido, deriva en ataques de pánico, fiebre, dolores en todos lados y es algo muy común en disléxicos que no tiene que ver con la dislexia sino con lo emocional porque no nos entienden».

«En 5to año sufría ataques de pánico, se me cerraban las paredes, temblaba, me ponía muy nervioso, me desmayaba y nunca un profesor se preguntó si estaban haciendo algo mal. Me mandaban a medicarme, incluso psicólogos. Después de mis ataques de pánico que pasé a 6to y no sé cómo pasé porque no aprobé nada, pero pasé. Para finales de ese último año, pedía que me tomen oral porque sé hablar, no sé escribir y nunca me dejaron. Mis materia favoritas inglés y biología en inglés. Yo desaprobaba porque no sabía escribir las palabras complicadas, eran un desastre mis exámenes. Vivía dando recuperatorios y me dijo que me iba a tomar oral y yo feliz porque dije, es mi oportunidad. Me toma el oral y me saqué un 10 porque las cosas yo las sé, no soy tonto! No puedo expresarme escrito, pero las sé. La profesora me mira y me dice, No sos tonto al final! y yo la miré y le dije es culpa de ustedes que yo tenga todo desaprobado y me dijo que si, que era culpa de ellos y me dijo ni te presentes en diciembre porque voy a aprobarte».

«Esa profesora se quedó sorprendida pero me costó un montón. Tuve 17 profesores, un día no aguanté y me desmayé. Fui a la oficina de la Directora, directamente abrí la puerta y le dije no soporto mas, vengo acá desde los 2 años, te sabes hasta mi DNI, tenes todos mis certificados y haces algo porque me estoy muriendo. Lloré, le dije una mala palabra porque me dijo que los profesores hacían sus adpataciones y me fui aula por aula a buscar a mis 17 profesores que tuve todos mis años de secundaria los mismos y les dije si sabían qué era la dislexia? Me respondieron que no menos 4. Con eso supe que me estaban mintiendo en la cara y que ni se habían informado. Les pregunté si sabían que yo era disléxico y tampoco sabían. La hipocresía que manejan los colegios, directoras. Yo hacía mucho esfuerzo, iba todos los días, lloraba todos los días, presentaba certificados todos los años y ningún profesor sabía de la dislexia».

«Yo me desmayaba por la presión que sentía porque nunca nada era suficiente. Todos mis exámenes eran un 1, a qué iba a llegar en la vida? Me lo decían en la cara, me retaban, me hacían leer adelante de todos. Era un inútil a los ojos de los profesores y así crecí. El rol de los maestros es fundamental porque son quienes educan a quienes salimos a la sociedad. Que estén desinformados y me hayan tratado como lo hicieron, no me cabe en la cabeza. No entiendo por qué».

Qué le diría a un maestro?

«Lo primero que le diría es que falta empatía. Falta muchísima escucha de parte de los docentes. Al darnos un diagnóstico se genera como un triángulo. La persona que da el diagnóstico cree que sabe las soluciones y se las impone a los profesores. Los profesores si dan bola trabajan con las soluciones que impuso el psicólogo o psicopedagogo o quien fuera. Y después mis papás que creen que esas personas tienen razón porque saben. Pero a mi nadie me preguntó jamás qué era lo que me pasaba. Nadie excepto con los profesores que lloré o me desmayé, me preguntaron cómo podían ayudarme, ni cómo me podía expresar mejor».

«Esta historia la van a odiar como yo»

«Yo estaba en historia, ya había llorado y había hecho lío. La profesora, me agarró con bronca y me dijo vos que tenés dislexia y discutimos. Le conté todo lo que les conté, que no podía responder un examen escrito. Tuvimos una charla interesante y quiso ser creativa y me dijo mañana traigo una solución y cuando volvió enojada al otro día trajo 15 hojas para cada uno y la consigna era lean e interpreten. Pensé que me iba a dar lago distinto por todo lo que habíamos hablado y me dijo de hacer lo mismo que los otros. Me quedé sorprendido porque había explicado. Lloré, porque me dijo que le pidiera ayuda a mis compañeros y yo no podía quitarle tiempo a ellos para que me ayuden. Me fui del aula sin pedir permiso y fui a la oficina de la Directora que no estaba. Al otro día, vuelve la profesora con una supuesta solución, me pone una computadora y me dice vas hacer esto sin explicarme qué tenía que hacer y me dice si vos no podes hacerlo como tus compañeros, podes hacerlo de otra forma. Entonces le dije, no me preguntaste a mi cómo me podía expresar».

«De más chico, me pusieron una asistente. La señora me sacaba del aula cuando rendían examen, yo me ponía a pintar, ella completaba el examen por mi y me decía que lo entregara. Debía tener 10 años, no aprendí nada. Eran soluciones que no solucionaban nada para mi. Nadie escucha a los nenes. A los maestros les diría eso, escuchen y dejen explorar en lo que somos buenos. Yo no soy bueno escribiendo, ni leyendo, pero soy bueno en otras cosas. También soy malísimo con los números, pero soy muy bueno dibujando, cantando, actuando y eso para las escuelas no vale. Arte era la única materia en la que yo encontraba mi rinconcito y me la sacaron el 6to haciéndome sentir que las únicas personas capaces son las que saben leer y escribir».

«Sigo llorando muchas veces, pero cuando salí de la escuela me dediqué a lo que se hacer y hoy siento que soy bueno en todo menos en escribir y el colegio nunca me permitió explorar esa parte de mi. Los límites lo tienen en la escuela, no los tengo yo. El sistema educativo tiene limitaciones».

Lucas tiene una sección «Pequeños grandes maestros» donde cuentan sus experiencias. Cuando llegó a Chivilcoy, se acercó la mamá de Ema que le dijo, Ema quiere contar su historia.

Ema subió al escenario con Lucas y contó: «Yo cuando me dieron la noticia no sabía y con una maestra especial que se llama Soledad, que me ayuda a leer porque mi mamá intentó de mil formas hacerme leer y yo no podía. Entonces cuando se le acabaron las formas, fui al psicólogo, psicopedagoga y con el paso del tiempo intentaba leer y no me salían las letras. No es que se me iban los renglones sino que decían que yo no quería leer y la verdad es que no podía. no me sentía mal pero sentí que era diferente a los otros».

Luego del testimonio de Ema, Lucas continuó: «En no se en qué país, el 40% de la gente presa, tiene dislexia. Y uno piensa que la gente disléxica es problemática y más con los que vemos en las aulas que es el que hace quilombo, se mueve y hoy me doy cuenta que no es que seamos problemáticos, es que nunca aprobamos, nunca somos suficientes, no nos sacamos buenas notas, no nos felicitan por nada, tenemos una necesidad interna de pertenecer y hacer algo bien y nunca lo hacemos porque los profesores se toman la molestia de mostrarnos todo el tiempo que somos unos burros y somos mucho más que una nota en un papel, pero jamás nos permitieron mostrar qué podemos hacer. Me dijeron mil veces que no tenía futuro. Muchas veces somos problemáticos, no prestamos atención, no nos quedamos quietos y nos llevan hacer cosas que los demás no hacen porque ellos si pertenecen al grupo, nosotros estamos fuera. Muchas veces hacemos cosas que están mal y por eso el porcentaje de disléxicos en la cárcel es alto. Robar en algunos grupos, o pelear era mejor visto que lo que nosotros podemos hacer. Cuando yo peleaba por explicar qué me pasaba, mis compañeros me aplaudían entonces pensas que me tenía que pelear para pertenecer y lograr la aprobación y eso no se sabe hasta donde puede llegar. Gracias Dios no fui por ahí. Fui siempre más aplaudido por cosas que no tenía que hacer y que nadie más lo hacía. El índice alto en las cárceles de disléxicos es justamente porque nunca pertenecieron empezar hacer cosas mal los lleva a ese camino».

«En arte fui aplaudido y me dedico a estudiar Artes Escénicas porque ahí pertenecía. Yo podía expresarme y estar tranquilo porque ahí no había notas, no había exámenes ni me llevaba materias, no tenía profesores que me retaran sino que me incentivaban en lo que yo me sentía bueno y eso era en lo que yo me sentía parte y tal vez lo que hizo que no esté en la cárcel por ejemplo. Los sistemas educativos no se hacen responsables y hacen que los culpables seamos nosotros ante la más mínima diferencia. Somos marginados, tontos y en realidad es el colegio que no sabe enfrentarlo».

«Hoy es un estilo de vida, por eso no es tengo dislexia, sino que soy disléxico porque es la manera en que me relaciono, me expreso, me guío en la calle y me pierdo siempre. La derecha y la izquierda las tengo tatuadas porque no sé cual es cual».

Ojalá que muchos lean, escuchen y busquen información. Mucho o todo de lo que comparte Lucas en sus redes pueden ser herramientas y posibilidades de entender a otros o incluso a uno mismo. Como Daniela Gonzalez, mamá impulsora de «Dislexia Chivilcoy» dijo: «Creo que hoy logramos llegar a varios docentes».

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