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Adrián Vila, Secretario de Cultura se refirió a la decisión de quitar el crespón negro de la foto de Ferro

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No es lícito olvidar, no es lícito callar. Si nosotros callamos, ¿Quién hablará?” –Primo Levi

 

El escritor Hernán Ronsino publicó una nota refiriéndose al retiro de la  cinta negra del cuadro del Ing. Ferro en la Sala de los Intendentes del Museo. Y hace consideraciones que me implican y al actual intendente Guillermo Britos. Por eso escribo estas líneas.

 

1) La Sala de Intendentes no es la narración de la Historia de la actual gestión municipal. Esa Sala se creó en 2009 por iniciativa del exconcejal del Frente Para la Victoria Antonio Vega.

 

2) Los cuadros fueron colocados en diciembre de 2011, durante la gestión de Pittelli, incluido el cuadro de Ferro.

 

3) La cinta negra fue colocada cuatro años después por la misma gestión.

 

4) Los máximos dirigentes de la gestión anterior reivindicaron la figura de Ferro como intendente durante más de una década. El exministro de Interior Florencio Randazzo (jefe político de los funcionarios de las tres gestiones del Frente Para la Victoria) cuando inauguró la Av. de 2ª Circunvalación invitó al propio Ferro al palco oficial, con quien compartió el acto.

 

5) Franetovich y Pittelli reivindicaron su figura en innumerables oportunidades.

 

6) En 2008, ante el fallecimiento del Ing. Ferro, el cortejo fúnebre pasó por la Intendencia donde fue esperado por el exintendente Franetovich y su gabinete y se colocó la bandera a media asta en el edificio municipal.

 

Es decir, que en todos los casos que menciono en los 6 puntos anteriores no hubo voz alguna que recolocara el “mojón” de la Historia. Excepto que los funcionarios de la gestión anterior recién hayan descubierto en 2015 que la Historia se había hecho “compleja”. O que la colocación de la cinta negra haya sido una chicana política en el marco de las elecciones que se avecinaban.

 

Consulto, con más ánimo de “complejizar”:

– ¿Por qué pusieron el cuadro de Ferro para colocarle una cinta negra cuatro años después?

– ¿Por qué no colocaron los cuadros de otros exintendentes de facto?

ferro cinta negra

Desde la “primavera alfonsinista” una generación de militantes y cientistas sociales nos entrenamos en el ejercicio de las políticas de derechos humanos junto con una importante parte de la sociedad argentina. Y nos formamos en el marco teórico de la transición democrática. Aclaro: hubo una generación que fue a marchas, creó Secretarías de DDHH de Centros de Estudiantes y sindicatos, creó Cátedras Libres de DDHH y participó en movilizaciones por Juicio y Castigo a los Culpables desde el “Siluetazo” de 1983. Es decir: no nos iniciamos en el tema en los tardíos 2000.

 

Si nos remontamos con “complejidad” a la historia reciente, allá por 2004, en la inauguración del Parque de la Memoria de Chivilcoy, ya se percibía el Frankestein ideológico en relación con las políticas de DDHH que estaban construyendo, cuando, entre viejos militantes setentistas (que se la jugaron de verdad) y familiares de las víctimas de la dictadura cívico-militar se percibía la convivencia justicialista friendly de viejos simpatizantes de la “pesada” de la derecha justicialista y de organizaciones cercanas a las 3A. En ese momento, tampoco hubo “mojones“.

 

Obturar la memoria está mal, es cierto (coincido con Ronsino): invito a leer el archivo de diarios chivilcoyanos de los 90 para descubrir la reivindicación de los indultos menemistas por parte de algunos de los funcionarios de la gestión saliente. También coincido con Ronsino en que el kirchnerismo colocó el conflicto en la sociedad. Pero Néstor Kirchner quitaba los cuadros, no los ponía.

 

Quienes formamos parte de la gestión de Guillermo Britos provenimos de distintas corrientes del peronismo, como Juan M. Iglesias, Alfredo De Lillo, Juan López. Y tengo el orgullo de haber militado en el peronismo de la UBA con Daniel Guala y Diego Di Renzo. Leandro Crespi, Eduardo De Lillo, Arturo Pertosa provienen de la militancia en el radicalismo. También Silvana Rossi militó en Franja Morada–UBA. Carlos Perillo militó años en el Socialismo. Y hay funcionarios que provienen de partidos vecinalistas como Fernanda Pommarés e independientes como José Caprara, Eduardo Alonso, Oscar Fernández y Alcides Decunta. Como se ve, no somos ahistóricos. Tampoco necesitamos supervisión ideológica sobre nuestro compromiso democrático. ¿A quién se le puede ocurrir que pretendamos “borrar la Historia” que también escribimos nosotros mismos?

 

 

La decisión de devolverle la cinta negra a la familia de Ferro fue una decisión personal, de carácter ético, frente a la evidente chicana política de colocar la cinta sobre un cuadro que puso la misma gestión cuatro años antes. Aclarando, como dato ideológico personal, que no colocaría en galería alguna a intendentes de alguna de las dictaduras que hemos padecido.

 

Entonces, sería de buena gente explicar a los chivilcoyanos la “complejidad” de la chicana de poner la cinta cuatro años después de haberse colocado el cuadro por los mismos funcionarios que crearon esa Sala de fotografías y que subieron a su propio palco al exintendente Ferro.

Dr. Adrián Vila

 

Publicación del escritor Hernán Ronsino

ronsino

El 5 de junio se colocó en el Museo Histórico de Chivilcoy, en la sala de cuadros de intendentes, un crespón negro en el cuadro de José María Ferro que indicaba que sus gobiernos habían sido de facto. Porque Ferro, en su primera gestión, gobernó entre 1966 y 1973 (es decir: la dictadura de Onganía y Lanusse). Y en el segundo período desde 1976 a 1981 (es decir: la dictadura de Videla). Este acto generó un fuerte repudio entre los familiares de Ferro y los seguidores de su figura política. Hace unos meses comenzó a circular una petición al nuevo intendente, Guillermo Britos, para que quite el crespón. Y Britos, junto con su secretario de cultura, Adrián Vila, en un “acto de desagravio” a la figura de Ferro, quitaron el crespón negro, es decir, el mojón en la memoria de una comunidad que marca la diferencia entre dictadura y democracia.

¿Cómo pensar la intendencia de Ferro? ¿En qué contexto? ¿Cómo recordarlo? Nunca, hasta el 5 de junio de 2015 que se marcó el cuadro, se hablaba o se discutía tan abiertamente sobre esa gestión como una gestión de facto. Decir esto no es agraviar la memoria de Ferro, ni mucho menos agraviar a los familiares. Sino decir, explícitamente, cuáles fueron las características objetivas del gobierno de Ferro. Edgar Frígoli era el intendente municipal en 1973, elegido democráticamente, y fue la dictadura quien lo sacó del poder. Y en su reemplazo asumió Ferro. Por lo tanto decir que la intendencia de Ferro fue una intendencia de facto es, ya, a esta altura de los hechos, aunque siempre lo ha sido, una verdad histórica irrefutable. Ferro nunca fue elegido democráticamente como intendente. Cuando se presentó a elecciones con su partido Unión Vecinal en 1983 no ganó pero entró al Concejo Deliberante (institución que no funcionaba bajo sus gobiernos). Britos, por ejemplo, es un intendente electo democráticamente. Ferro no. Y esa diferencia no debe darnos lo mismo.

La petición, publicada luego del triunfo de Britos, le ruega al intendente electo lo siguiente: “Ruego al Sr. Intendente electo, Sr. Guillermo Britos, al cual la ciudadanía de Chivilcoy, honró con su voto y en quien tenemos sobradas esperanzas de que tenga el temple de restaurar la armonía que hemos perdido los vecinos en los últimos 12 años, curse los medios necesarios para desagraviar la memoria del Ingeniero José María Ferro solicitando a la persona que oportunamente decida poner al frente de la Dependencia cultural, quite ese símbolo tan ofensivo como vergonzoso”.

Es cierto que el kirchnerismo, como dice la petición, puso en la superficie de la sociedad argentina el conflicto. Pero ese conflicto, que a fuerza de terrorismo de estado la dictadura militar trató de eliminar para reestablecer la “armonía”, debe ser pensado en términos políticos. En estos doce años existió un debate intenso y abierto. El debate político atraviesa de manera conflictiva a una sociedad y la vuelve más democrática. Y los canales de expresión de ese debate no son los mediáticos solamente; son los múltiples espacios de la vida cotidiana. El crespón negro sobre la figura de Ferro es una forma de debatir la historia. En términos políticos. Porque la historia nos importa en sus dimensiones sociales, no íntimas, ni personales. Ferro, la figura de Ferro, se ha vuelto un símbolo de esa época. Nadie discute su “don de gente”, ni sus valores personales. El debate gira en torno a lo que simboliza Ferro para la historia de Chivilcoy. Alguien que siempre gobernó en períodos de facto. Ese es el punto. Y haber gobernado en los períodos que gobernó, cuando no funcionaba la Constitución y no había elecciones, tiene, para el legado de la historia, sus consecuencias. Tiene, sin dudas, sus responsabilidades. Y negar ese dato objetivo de la historia es negar la historia. Es querer contarla sin la complejidad que toda historia tiene. Es reducirla a discusiones personales. Es obturar la memoria.

Hay que decir también que Ferro no fue el único intendente de facto. Chivilcoy tuvo, a lo largo de su historia, cerca de veinte. Por nombrar algunos: Pedro J. Uslenghi en el Golpe de Uriburu; Francisco J. Falabella en el Golpe de Aramburu; o Héctor Vaccari en el final de la última dictadura. El crespón negro debería estar, también, en el cuadro de cada uno de ellos.

Lamentablemente, el 28 de diciembre el gobierno de Britos y su secretario de cultura le dieron cabida a la petición y han quitado el crespón que indicaba que Ferro fue un intendente de facto: ese crespón es un mojón en la memoria de una comunidad que marca la diferencia entre dictadura y democracia. El crespón es un límite que debe ser pensado como parte de la construcción de una memoria democrática. Porque, si bien es cierto, como dice la hija de Ferro en una entrevista “que no es lo mismo Ferro que Videla”, también es cierto que no es lo mismo un gobierno de facto que un gobierno democrático y que haber ocupado ese rol en esos tiempos implica, sin inocencia, y en la escala debida, asumir la responsabilidad histórica. En consecuencia, es, definitivamente, frente a estas borraduras de la historia, cuando más que nunca hay que levantar la voz, sin importar los colores partidarios; hay que levantar la voz para debatir, para que el conflicto siga vivo, para que se logre una genuina memoria democrática, para que el silencio de la “armonía” no se imponga otra vez.

 

                       

                                              

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One Thought to “Adrián Vila, Secretario de Cultura se refirió a la decisión de quitar el crespón negro de la foto de Ferro”

  1. Mimi

    felicitaciones Adrian Vila y a la gestión del actual intendente Britos por quitar la cinta negra,del cuadro del Ing Ferro.Podemos estar o no de acuerdo con su gestión, pero pensemos que en el momento que fue designado como intendente de Chivilcoy, desempeñó con lealtad el cargo y terminado el mandato siguió caminando por las calles de nuestra ciudad tan limpio como ingresó a la gestión que le tocó desempeñar. Desearía como chivilcoyana que muchas autoridades de gestiones posteriores pudieran hacer lo mismo.
    Nuevamente felicito a las actuales autoridades por la actitud adoptada.

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